Frontón de Bizkaia, el más grande Euskadi

El nuevo y emblemático edificio acuñado como Frontón Bizkaia, ubicado en el barrio bilbaíno de Miribilla, aloja en realidad tres instalaciones deportivas diferentes: el frontón, el trinkete y el Kirol Etxea, que acoge todas las federaciones de deportes de Bizkaia. Los arquitectos Javier Gastón Ortiz y Marcelo Ruiz Pardo han sido los encargados de otorgar a este nuevo espacio la modernidad y tradición requerida uniéndola en una misma infraestructura, un gran volumen pétreo revestido de pizarra negra.

El edificio está diseñado formalmente por un lado para que ejerza de límite entre la entrada a la ciudad y el paisaje, creando una piel de pizarra casi ciega, y por otro para que se asome a las viviendas que se adentran en la ciudad. Este último plano es rasgado y dotado de grandes vacíos que permiten iluminar toda el área de oficinas con luz natural. El contacto del edificio con los viandantes se ha resuelto de madera cálida forrando con madera de cedro la base del mismo. Para todos los accesos se han utilizado puertas PH, idóneas para este tipo de proyectos donde la frecuencia de paso es constante.

Enfatizar la verticalidad
El gran volumen, el vacío y la iluminación natural recuperan la sensación de los primeros frontones al aire libre. Los arquitectos han resuelto la iluminación sobre la pista a partir de unos lucernarios, solución que ha permitido obtener una gran luminosidad, concentrándola sobre el área de juego y dejando en un segundo plano al espectador que gradualmente va quedando en sombra consiguiendo una cierta “teatralización” del espacio deportivo. Tanto el espacio del frontón como el del trinquete tienen su propio modo de iluminación que está íntimamente ligado a su espacialidad y a la solución estructural adoptada. Todas las fachadas se han cerrado con el muro cortina MX de Technal en su versión trama vertical con la finalidad de acentuar la verticalidad y la esbeltez de la obra y delimitar en altura cada uno de los volúmenes del nuevo frontón. Con ello se consigue también fragmentar la imagen reflejada por el vidrio y dar un aspecto más dinámico al edificio. Interiormente el proyecto se divide en dos partes según su uso: el área de oficinas y el área deportiva que incluye el frontón y el trinquete. Frente a un exterior homogéneo, unitario y compacto que resuelve sus encuentros con el entorno a partir de sustracciones de su volumen, el espacio interior deportivo se construye como la articulación de grandes vacíos generados por la estructura de graderíos y de cubierta. Todas estas perforaciones, además de iluminar y resolver de manera intencionada y ambigua todos sus espacios, permite al mismo tiempo el juego contrario al emitir luz por la noche. En definitiva, se ha tratado de conseguir un original y moderno juego arquitectónico al que se le escapa la luz por sus huecos haciendo intuir su actividad interior.