CASA MORDIDA, GIRONA

A la orilla de un río, en el fondo de un valle abierto a riscos lejanos, esta sencilla casa se nos muestra cerrada como una caja para guardar pequeños tesoros: el primer sol de la mañana, la visión del campanario del pueblo al otro lado del río, los riscos escarpados en la lejanía, el laberinto de leños del bosque de ribera... Son posesiones que la casa guarda celosamente sin saber que, de hecho, es ella quien les pertenece.

En este entorno, se ha planteado un cubo de hormigón armado que observa el paisaje, busca el sol o se relaciona con el jardín con los mínimos gestos posibles y, al mismo tiempo, con la máxima contundencia. Cuatro mordeduras en cuatro esquinas opuestas resuelven las relaciones de la vivienda con el exterior.
Las roturas de esquina en planta baja dan lugar a dos grandes porches que resuelven la prolongación de la sala-comedor-cocina hacia el jardín en la esquina sur y el acceso y espacio para los vehículos en la esquina norte. La conexión interior-exterior se ha realizado mediante correderas Saphir y ventanas practicables N’Epure. En primera planta, las roturas generan dos terrazas que dan salida a las habitaciones a la vez que iluminan naturalmente los ámbitos más interiores de la planta baja a través de sus luciérnagas.

“Áspero como la piel de melocotón, es tan sólo cuando mordemos este fruto de hormigón que descubrimos toda la dulzura que esconde en su interior”, firma el arquitecto Arnau Vergés.


 Despacho de
 arquitectura:

 Arnau Estudi d’Arquitectura

 Industrial instalador
 Aluminier Technal:

 E. Plantalech SL

 Soluciones
 Technal empleadas:

 Correderas SAPHIR y ventanas N’EPURE